martes, 6 de abril de 2010

Lo Había Olvidado

La mañana había sido fresca, con un sol cegador y tres nubes visibles; ni dos ni cuatro, sino tres. Y a media distancia de la segunda y la tercera, una tenue imagen de lo que horas antes, con seguridad había sido la luna...

–El trabajo estuvo perfecto– dijo el sinodal como quien no quiere la cosa. Lo dijo mirando hacia abajo por entre las lentes; la voz le salió como muy ensayadamente natural: levantando las cejas ( por supuesto, abriendo los ojos, haciendo notar las pestañas, curiosamente con aspecto quebrado…), y expandiéndolas en señal de admiración.

Javier se aplaudió mentalmente el éxito conseguido, y con una ligera sonrisa de falsa modestia dijo:

–Fue lo más apresurado que pudimos hacer; esperábamos que estuviera bien… nos da gusto que le haya parecido así… así de bien.

La mirada de cualquier compañero de clase en los demás equipos, explicaba bastante bien el “¡púdrete!” que las contenidas gargantas se tragaban para no increpar a voces, sencillamente debido a la presencia del docente mequetrefe.

Todos sabían que aquel en específico, no fue un trabajo de última hora – A diferencia del resto de los equipos– sino que a punta de esfuerzos diarios y correcciones continuas con diversos asesores, lo colocaban como una tesis en forma. Claro es que el hecho de hacer alarde frente a los compañeros, y mostrar una humildad hipócrita frente al sinodal era sólo posible describirlo como “despreciable” y en las miradas de muchos de ellos (y entre sus dientes fruncidos, mostrando parte de las encías y en unos casos, desagradables evidencias de comida), se adivinaba algo mucho más soez que un sincero “púdrete, Javier”

El halago del instructor fue posiblemente la gota que derramó el vaso… y bueno, Javier no hacía mucho por ayudar a vaciarlo. Le daba más desagrado a un hecho ya de por sí irritante.

Sus compañeros de equipo, bien se sabían que el tipo era muy capaz, muy ambicioso (e incluso a veces muy sucio). No había sido ésta la primera vez que Argentina, la chica dulce del equipo, se enojara con él por sus comentarios presumidos para con los otros equipos.

Aquel día, muy contrario a su costumbre, Argentina casi imitaba las caras de “púdrete, Javier”; que además de todo eran bien dirigidas: nadie deseaba algo en contra de Argentina, Fercho, nada contra Diana o Erick; ni aún cuando eran un solo equipo con Javier. El “púdrete” era bien seguro que tenía un destinatario larguirucho y con despreocupado semblante; que no era otro que Javier.

Saliendo el Sinodal, las voces no se hicieron esperar.

–¿Qué te pasa? ¡Bájale!, ¿sí? –dijo irritadísima Argentina.

–¿Se puede saber de qué hablas? – contestó con un afán burlón Javier

–Pasa que es tan imbécil que ni se da cuenta de que lo és –irrumpió Claudia, una chica de otro equipo.

–¡Hey, Hey!, señoritas… yo sólo pienso que honor a quien honor merece…–mencionó Javier forzándose a no soltar la carcajada.

El equipo de Claudia arruinó su presentación debido a un problema técnico, que si bien pudo haber caído sobre cualquier equipo, lo hizo en aquel. La cosa fue, que mientras tanto, Javier se divertía de lo lindo, comentando metáforas viles sobre la estupidez humana, y la necesidad de la gente bien preparada para el futuro.

Como el sinodal le tenía en sobrevalorado concepto, por sus notas y comentarios de clase, se permitió incluso reír de sus excesos, y agregar una línea a la ya interminable palabrería que Javier se sacaba de Dios sabe dónde…

Algo de rubor le cubrió la cara cuando Argentina le preguntó con rudeza si no le bastaba con llevarse la nota más alta del curso. Aunque dos segundos después, “repuesto” de la impresión (y es que enojar de verdad a Argentina no era algo que se debiera tomar a la ligera. Ella comúnmente era un bombón en su trato general), le respondió que sí era suficiente, pero que era mejor que a nadie le quedara la duda, y que él sólo se encargaba personalmente de hacerlo notar.

–Así que, francamente no veo razón para tu disgusto, ni tu fingida compasión –esas habían sido sus exactas palabras, sus infames exactas palabras. Y así terminó él la discusión.

Con lágrimas en los ojos, Argentina se dio la vuelta y casi corrió alejándose (por la expresión que llevaba, hubo quienes creyeron que había visto un monstruo… y quizás esa haya sido la verdad). Diana y Erick, le dedicaron otras tantas miradas del “púdrete” que aún no se desvanecía del todo en el aire del aula y salieron a buscar a Arge…

–¿No me digas que también saldrás llorando? – dijo Javier dirigiéndose a Fercho.

–Hoy no, aún necesito que me lleves a casa. Pero de que te pasaste, te pasaste…– el interpelado, respondió todo con sórdida cara inexpresiva.

Fernando, vecino y amigo de años de Javier, lo conocía mucho más a fondo de lo que incluso Javier, pudiera creer. Fercho era bonachón, pero no estúpido. Y mucho muy práctico. Si no dejó a Javier, fue porque de verdad había olvidado la billetera…

Lo admiraba, aunque le decía sin tapujos sus defectos. Pero su misma experiencia le decía que hacer entrar en razón a Javier era peor que intentar aprender versos en védico estando de cabeza y bajo el agua.

˜

La tarde comenzaba pesada, odiosa, caliente y algo maloliente. Un sonido sobrecogedor, pero que no asustaba a nadie por la continuidad de su vaiven, teñían el naranja del sol de la estación en un algo más que simple luz, un algo que no dejaba sombras por momentos, sino impresiones de esmaltado contorno, sobre el suelo.

Claudia enfurecida. Los otros equipos mandándolo a freír espárragos. Y argentina muy apenada e indignada a causa suya. Javier la había jodido esta vez: lo notaba todo, la verdad no era ningún estúpido.

Saliendo del estacionamiento, un golpe en la parte trasera del carro hizo a Javier frenar la marcha de golpe. Por el retrovisor, vio a Claudia hacerle un gesto obsceno con la mano, y se bajó enseguida.

–No es necesario que dañes mi coche para llamar mi atención… que creo, es lo que pretendes – dijo al tenerla frente a si.

–Puede que tengas razón…– repuso ella con un guiño y con los brazos lo atrajo hacía sí, como para besarlo. Javier se dejó hacer, la verdad era que a Claudia, jamás la despreciaría en ese sentido, pensó.

–¡Arghh!

–Tenías razón, cariño, es más fácil llamar tu atención hiriéndote directamente. – dijo Claudia luego de darle un rodillazo en la entrepierna.

Antes de que Claudia se alejara por completo, Javier, como pudo, se puso de pie, y fingiendo una postura relajada, apoyado en el auto (para una carcajada adicional de Fercho, que desde el auto no se había perdido ni un solo segundo de la escena), le alcanzó a gritar:

–¿Hieres a un hombre inteligente sólo porque además es atractivo?

Ella siguió caminando imperturbable.

–¡Esto no lo voy a olvidar Claudia!

Acababa de gritar el nombre de la chica, cuando un sms repentino sonó en su celular; resultó ser un mensaje de ella, Claudia, que decía “Oh sí, lo harás, y más pronto de lo que crees”.

Cuando alzó la vista, Claudia se había esfumado.

Contrariado, le clavó una mirada de rencor a Fercho, que calmó sus risas diciéndose por lo bajo “bueno, ya…”

Diez minutos después, bajando por la carretera que conectaba la bahía con la ciudad, Fercho preguntó qué era lo que tenía el celular. Pues al subir de nuevo al auto, Javier lo arrojó hacia los asientos traseros con una violencia –¿O acaso era temor? –inusual en él.

–Un mensaje de Claudia que no alcanzo a creer. –explicó al fin, luego de unos minutos.

–¿Por qué no? ¿Acaso te invitó a salir? – dijo Fercho como explicándose y empezando a reir solo –Luego de lo que te hizo… – unas risitas irritantes a los oídos de Javier, acompañaron esas palabras, pero se dijo interiormente, que Fercho no era tan voluble como los otros, y que de todos modos, ya tenía algo de lo que quejarse, el dolor no del todo desaparecido en la entrepierna…

˜

Alcanzaron la llamada “Ye”, la conocida intersección con forma de una “Y” griega. En ese cruce, los autobuses tomaban dirección a la izquierda, aprovechando la continuidad que el tope del lado opuesto les permitía, para pasar casi sin tener que hacer el alto común para ese tipo de cruce.

Javier se saltó el tope. Vio de frente, (y aunque el riesgo era mínimo, por la vuelta que luego daría el camión) soltando simultáneamente un grito y un pisotón al freno; que sacudió a Fercho del asiento.

Durante unos diez segundos, en los que Fercho asimiló las cosas, nadie dijo palabra (salvo unas palabrotas, cortesía del ocupante del coche que iba tras ellos). Javier se relajó pero dejó una cara de espanto.

–Javi, ¿se puede saber que diablos te pasa? Siempre te cruzas así, y sabes que no alcanzamos a tocar al camión… ¿qué tienes?

–Lo olvidé… –dijo Javier en un hilo de voz.

–¿Cómo te vas a olvidar? ¡Por Dios! Hace años que casi a diario vamos y venimos por aquí…

–Eso no, Fercho… Lo olvidé

–¿El qué?-dijo ya impaciente Fercho, y es que, el tráfico, a diferencia del mundo de Javier, no se había paralizado.

–Lo que ella dijo… –explicó guturalmente Javier, apuntando al retrovisor.

Fercho primero miró hacia el retovisor, pero como no estaba orientado a su asiento, no vio más que parte de la portezuela del conductor; al voltear hacia atrás…

–Te lo dije, Cariño… más pronto de lo que pensabas– dijo ella (mirando de frente al reflejo de los ojos aterrados de Javier) con una risa inexplicable, era ella, era Claudia riendo mientras que a sus anchas reposaba en el asiento, como si siempre hubiese estado ahí…

Los ojos de Fercho se abrían hasta casi lastimar, y desde luego, los sonidos de claxon seguían exigiendo al imbécil de su conductor, que se apartara, o reanudara la marcha.

˜

Cerró los párpados con fuerza y los abrió. Javier acababa de despeinarse con las manos, y bajarse azotando la puerta y soltando un par de maldiciones. El auto se hallaba incrustado a la derecha del autobús. ¡Vaya si tenía razones para mostrarse irritado!

Una sensación hizo a Fernando mirar hacia atrás. Nada, como debía ser, como siempre había sido.

Seis autos pasaron lentos, con pasajeros que comian con los ojos el accidente e imaginaban cifras para los daños.

El auto de Claudia pasó también junto a ellos. El resto de su equipo de trabajo (las caras atónitas de Diana, Argentina y Erick asomaron entre los cristales del auto azul cielo) iba con ella. Pasaron más lento que los otros autos. Fercho vio con cierto temor a Claudia a los ojos, y ella le sonrió, como satisfecha… Regresó ella entonces la vista al camino, y se alejó acelerando.

– Después de todo, la vida no apesta tanto –se dijo Claudia sonriéndose al espejo de vanidad, lo suficiente alto para que Arge, que iba en el asiento de adjunto volteara notando que dijo algo, lo suficiente bajo para que se le quedara la duda.

–aunque que casi lo había olvidado.

miércoles, 20 de enero de 2010

Tercer Despertar

Estaba yo ahí tendido: frío, inmóvil y sin articular palabra. Lenta, constante, sistemática, ella se aproximaba, con un ruido sordo e invariable, que me indicaba cuán cerca ya estaba.

Se colocó encima mío… traté de no mirar. Fue imposible evitarlo… en mis manos, reposaban un par de cuerpos blandos aún carentes de significado y utilidad; sin notarlo casi, empecé a presionarlos… cada vez con más fuerza.

¿Moverme? Dudo que fuera posible, además; como anticipándose, una etérea voz me dijo en suave advertencia, que no lo hiciera… creo que incluso llorar me fue prohibido; aunque en ese caso fallé: no pude evitar las lágrimas...

Al fin la vi.

Frente a mis ojos, los suyos: un rojo fulgurante me completó el desconcierto. Como hipnotizado, un inesperado punto verde, brillando en el medio de aquel enrojecido ambiente, me obligó a clavar los ojos en él…

Un brillo punzante, que se me hizo mal presagio, me inundó la cara… la conexión había empezado.

¿Qué es dolor? Es un aria de ópera en primera fila, cantada como en susurro por mil voces de gutural y angelical duplicidad, mientras que en medio de un pánico escénico callan interminablemente, haciendo que su silencio resulte una aún más letal punzada que va desde un oído hasta el otro… y que claro, jamás nunca es olvidado por entero...

Aquella palabra, Dolor, primero se reinventó a mi derecha: como en sistemático avance, sus ojos encontrados con los míos, a semejanza de agujas, me envolvieron en su cruenta danza… Imaginé a Milo de Escorpión y su uña escarlata: sus letales pinchazos sin duda quitaban vidas, pero un toque adecuado en el sitio correcto, cual feroz acupuntura; podría al último segundo, dotar de vida al más estropeado moribundo.

Con aquella extraña fe, le hice frente. El dolor a mi izquierda, con todo, se me hizo insufrible… una y otra vez ejecutó su mortífera coreografía frente a mí. Me sentía desfallecer luego de tres ocasiones que le resistí, aunque la misma voz me dijo que aún no era momento…

El fulgor rojo cesó. Una niebla y una gélida lluvia me empañaron la visión. Los punzantes haces de luz se desvanecieron, su mirada se apartó de mí… Ella se fue así como vino; lenta, impasible, sorda… Mis manos soltaron por fin las ajenas y blandas redondeces; y en medio de un llanto atenuado, me puse de pie.

En medio de un ensombrecido llanto me alejé de aquel lugar… no puedo, no obstante dejar de sentir que mi vida acaba de empezar. ¿Aquel cíclope esmeralda, me ha brindado, sin saberlo, el tercer despertar?

¿Gané? … del encuentro con ella pude salir caminando, aunque últimamente, un recuerdo suyo he notado; y es que sin duda me ha marcado: con enigmáticas lunas rojas, que en ambos ojos me ha estampado…

lunes, 11 de enero de 2010

Será verdad?

Hace cosa de meses, un docente lanzó una pregunta; quizás retórica, pero me llegó y la quise responder según mi credo actual...

La cosa iba así -Qué facilidades teníamos o tenemos en la carrera, para encontrar trabajo...

Dejando de lado la aburrida respuesta directa, lo que la sustentaba (y que me atreví a escribir y mostrárselo a Alex) resultó interesante..

Quizás parezca aburrido, pero es mi blog, y ahora soy cínico...

Nuestro perfil prioriza en una serie de cuestiones técnicas, que para el caso de una carrera de Arquitecto, resulta no sólo redundante, sino que termina siendo meramente accesorio. Por otro lado, las materias de formación ideológica y desarrollo de creatividad como 'historia crítica...', 'taller de diseño', o 'desarrollo sustentable', no dejan de ser introductorias o meros ensayos del contenido de interés en las ramas que tocan; y claro, sin observar un enfoque que desarrolle actitudes o aborde cuestiones prácticas a profundidad...

La suposición de la especialidad nuestra como enfocada en Desarrollo Sustentable, parte, creo yo, de la inclusión de las materias relacionadas con dicha especialidad, y aunque en el hecho de 'tocar' o 'coquetear' con tales contenidos, hay una intención de fondo en busca de un quizás bien orientado objetivo; en la práctica se suprimen esas intenciones y se cae en las tradiciones.

¿Puedo ser profesional así?

Sin duda lo lograría, si pusiera de mi parte... infortunadamente no es allí a donde atino a mirar.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Look right through me

Skilla odiaba, a la vez que admiraba al romano... pese a sus capacidades; sentía envidia de aquel hombre que podía ver el pensamiento de tantos otros; conocer la sabiduría de siglos... simplemente leyendo.

Skilla no comprende el extraño placer de Alabanda, quien no mide su capacidad en cuántas flechas puede lanzar por minuto, o cuántos hombre puede derribar en un día; sino, cuántas lenguas podía aprender en un año, cuánto podía aprender en un mes, o cuántas cosas podía descubrir escudriñando una página.

Sin duda, lo más sorprendente, (y con seguridad, no sólo para Skilla, sino quizás para Kyouya también) es que estos hombres hayan podido leerlos (Suou y Jonás); conocerlos desde fuera como si los viesen por dentro.

¿Su nivel de cultura? ¿Acaso un don caprichoso que sólo afecta a algunos? No hay manera de medir, comprobar, o afirmar con certeza que exista tal don... ¿O sí?

Imagino que la tremenda molestia de ambos estaba en que, lo menos deseable era rebelarse al mundo, cuando aquellos hombres podían entenderlos; traspasar sus habituales defensas y conocer la intimidad de sus pensamientos y opiniones.

¿Hay algo más íntimo que comprender a alguien? ¿Existe algún acercamiento más fuerte que éste? Después de todo, qué aterra más que decir la verdad "Tengo miedo", "No lo sé", "No te quiero", "Te quiero", "No entiendo", "No lo hice", "Yo lo hice"...

De momento, Skilla ha fallecido. Kyouya parece estar aprendiendo a vivir con eso, y al abrir su mente, ha dado pie a, quizá, abrir su corazon... Lo cual, me parece de su parte, una postura muy interesante...

viernes, 4 de diciembre de 2009

Inconvenientes bienintencionados

El Sol te pega de frente. Aún con los ojos cerrados, te das cuenta por el rojo intenso dentro de tus párpados.

Intentas separar los párpados. Un destello brillantísimo; imposible abrirlos ahora.
Tus manos tocan tu cabeza instintivamente, luego la superficie en la que estás acostado. Un instante después algo te hace sombra.

Abres ahora los ojos y ves una irregular mancha azul con bordes negros...
Hay cuchicheos a tu alrededor

Tus oídos liberan un (Popp) y ahora escuchas voces a mediano volumen...
-¡Fue totalmente repentino!
-¡Pero yo ví que alguien le habló!
-Como sea... ¡que llamen un ambulancia...!
-¡Dios Lo proteja!
-Mire lo que ha hecho... ¡condenado! es... ¡sólo un niño!

Recuerdas ahora algunas series de TV y películas con diálogos similares; no sabes aún si lo que ves es una pantalla o qué sucede con exactitud...

-¡Ya callense! miren: está abriendo los ojos- dice una voz algo más inquietante que las otras
Tras un breve esfuerzo, tu enfoque se adapta a las formas negras y entiendes que se trata de personas que insistentemente te miran: algunos con caras llenas de preocupación, un par de damas que se cubren la cara al borde del llanto y un sujeto de lentes con cara palidísima...
-hijo... ¿estás bien?
-... No ... no soy su hijo- respondes sin resentir mucho ya el brillo y te incorporas hasta quedar sentado. Un sabor algo desagradable te hace pasar el dorso de la mano por la boca. No lo habías notado hasta que hablaste.
Las damas chillan, y el de los lentes hace muecas.

Escupes y suspiras...

-estoy bien...(pero alguien me va a matar) - dices, ahora con la conciencia del susto que has dado...


Minutos antes andabas meditabundo y con audifonos puestos, aprovechando a pasear gracias al frío y falta de sol momentáneos. Precisamente la intermitencia de la luz solar te ha fastidiado (o sale o no sale; que se decida, ¿no?)
Sabes, no obstante, que deberías estar en casa; que no debes exponerte al sol, al menos no hasta dentro de 24 horas más.

Haz volteado antes de cruzar, pero algo se ha caido con un leve sonido.
Ignoraste y cruzaste... bueno, comenzaste a cruzar, pero alguien tuvo la malsana intención de ser buena gente y te ha gritado para devolverte lo que se ha caído.

Volteaste...
un claxon...
10 minutos después, con algo de pena, declaras que has actuado mal.

La persona que te avisó de la cartera que se te cayó, no cabe en sí por la culpa... tiene la mirada perdida y se dice compulsivamente (es mi culpa... yo le grité...)
Sientes más pena aún y tranquilizas al conductor.

Explicas que sí fuiste golpeado, pero sólo has recibido el daño al caer de espaldas, golpeándote la cabeza, y que habrás perdido el sentido en el pavimento un par de minutos. La sangre en tu boca es inevitable, mencionas; pues aún no sana tu extracción de muela de hace 2 días... y ultimamente al escupir, no es raro que hayan manchas rojas...

Para que te crean das un par de saltos. Estas dispuesto a irte... y sucede la verdadera tragedia...
La ambulancia que alguien pidió ha llegado inconvenientemente pronto (contrario a la constumbre); la prensa ha comenzado a tomarte fotos ahora que el anillo humano que te rodeaba te ha liberado... y un auto en la esquina quema llantas al frenar... ¡es tu madre!
Te aterras... (cómo fue que... ¡ahhh! ¡mi estúpida cartera....!)

Son como 5 para las 9... y algo te dice que será un largo largo día...

martes, 24 de noviembre de 2009

Una vez más estaba ahí.

Veía en tranquilidad ese mar de casas y cosas que, algo agrietadas por los siglos, se esmeraban por estar aún de pie. Se preguntó si antes ya habría existido una vegetación tan densa como la que se adivinaba en el verdor al interior de los exquisitamente renovados cascarones.
Le gustaba ese “mar” era suyo y lo contemplaba (siempre que podía) en silencio y con admiración. Le gustaba también el otro mar, el de todos: El que salía en las fotos. Pero de algún modo, su mar tenía menos sal y eso, al menos, era algo que prefería…
Sabi, Kenya y Dulce llegaron. Eso supuso que el silencio se tiraba por la borda en ese momento.
Pero… ¿y Vanesa?

Vanesa nunca llegaba la última a su desayuno. A decir verdad, Mónica la encontraba a veces antes que todas; y en la misma actitud que ella recién abandonó al encontrarla sus compañeras.

A pesar que habían comentado lo mucho que les gustaba esa vista, y cosas menores; Mónica nunca había dicho su mar delante de Vanesa, ni mucho menos ante las otras chicas. Mónica no era temerosa, ni retraída, pero sentía que así como ella llamaba su mar a esa extensión de cielo y tierra (sin mar de hecho…) había algo de privacidad en el concepto. Alterar eso no era algo que precisamente buscara.
Vanesa había sido su mejor amiga desde hacía algún tiempo. Vanesa parecía ser excelente para entender cualquier cosa… desde un corazón roto que implicara aconsejar pacientemente alrededor de las 2 y 4 am, o acompañarla a casa en transporte público (afirmando no necesitarlo) sólo para platicar unos instantes más cara a cara. Pero su intimidad era algo extraño. Vanesa era buenísima escuchando, quizás demasiado y el tiempo no le rindiese para dar algo a confiar en secreto, algo que valiera la pena aguantarse contar…
Quizás el único secreto que Mónica se reservaba revelar a Vanesa, era su mar.
Vanesa llegó luego de algunos minutos.

-¡Uun libro que presté el sábado!- dijo sonriente por toda explicación e instalándose en una silla en vista al mar de Mónica, saludó a todas las chicas.
-¡Vaya, vaya! Qué gusto que hayan vuelto…- dirigiendo significantes miradas a las gemelas, Dulce y Kenya- ¿Y cómo estuvo el congreso?- Esto último con un acentito que era común en ellas para incitar confesiones…
-Digo, el no venir el viernes por “estar ocupadas” como a mí me informaron… significaría más que asistir a una exposición…¿ no creen?
-Pues… Kenya ya tuvo evento el fin con sus nuevos amiguitos
-¡Dulcee!

Mónica las veía bromear de chicos y notó demasiado entusiasmada a Vanesa. Es decir, era común molestarse entre sí con esos temas… pero normalmente era Mónica quien encabezaba esas inquisiciones de novios; y nunca, que ella recordara, nunca había sido Vanesa quien las iniciara.
Vanesa la vio mirándola pensativamente.
-¿No estás muy apagada hoy?
-¿No estarás tú muy alegre?
-Patines nuevos… ya sabes, te había dicho que llegaban estos días…
-¿Sólo eso?- ahora Mónica preguntaba con una ceja derecha que refería a un tema particular… anulando las otras respuestas que la pregunta pudiese entender por respuesta.
-Estabamos hablando de Kenya, ¿no?
Mónica con ánimo renovado dejó a Vanesa al percibir su leve estremecimiento.

Cuando ya se iban, Vanesa portaba la pajilla del día, extraída su té (originalmente) helado. Al llegar al paradero de autobuses, dijo una excusa y volvió sola en dirección a la escuela. Antes de perderla de vista, Mónica distinguió cómo se colocaba los audífonos.
No quiere venir hoy conmigo. No quiere platicar en la privacidad de los asientos traseros del autobús. En conclusión: No quiere que sepa de algo… y creo que es un alguien.

-Bah, ya caerá. Es de esperarse- susurró para sí misma.
Sabi le dedicó una mirada a la dirección donde partió Vanesa, y luego inquisitiva vio a Mónica. Ésta última entendió que al momento Sabi ataba cabos sobre algo, ojalá estuvieran pensando en la misma frecuencia.
Su autobús llegó y sólo pudo decirle a Sabi.
-No me lo cuentes… ¡es más divertido hacer que hablen!
Con una sonrisa de complicidad ambas se dieron adiós agitando las manos. Y las gemelas algo confundidas se rieron con Sabi. Haciendo saludos militares (idénticos) a Mónica, sin parar de reir.

lunes, 19 de octubre de 2009

No me digas que no sabías

No me digas que no sabías; las preguntas más difíciles de contestar son los "paraqués"
Y no me lo digas, pues es más que evidente… seguramente ya te habrás encontrado en ocasión de responder a uno de esos paraqués y has tenido el chance de sufrirlo al tratar de responder.
Sin importar de qué se hable, los paraqués piden un objetivo, y los porqués piden una razón. Que yo sepa, cualquier respuesta es suficiente a un porqué, si al contestar anteponemos “porque…” y asunto arreglado “¡porque sí!”. Bien es cierto que las razones resultarían probablemente insuficientes, inválidas o estúpidas, pero esa pregunta exige aquella clase de respuestas. Los objetivos, en cambio, piden una intención, una voluntad, y en cierta forma exigen la dirección de nuestro pensamiento. Es cierto también, que se podría evadir anteponiendo en la respuesta “para que…” pero los objetivos que no vengan al caso no podrán ser considerados jamás como verdadera respuesta, a menos que estemos todos de acuerdo jugando en un teatro de ficticias máscaras de carnaval…
De modo que siempre lo supiste; o debiste sospecharlo si alguna vez te has considerado en algo listo…
Mi motivación no es ahondar más en la estructura de las respuestas genéricas ni cosa alguna por el estilo, pero sí era importante aclarar o confundir un poco más el asunto. Dada tu auto-consideración de persona inteligente, entenderás o fingirás entender, quizás en un caso extremo eches por tierra lo que llevo escrito y consideres que hay error en el hilvanar de mi diálogo. Quizás tengas razón, pero entonces yo también la tendría, pues habrías sabido que yo sabía que sabrías. No preguntes…

Si hablamos de algo más trascendente que lo ya dicho hasta este momento, al menos lo que yo he dicho… tendría que tratarse de algún tema en particular. Lo que me viene a la mente es precisamente la cosa urbana. ¿Sabes? Quizá esto no lo sepas, pero mi servicio social está siendo en estos momentos algo importante, tal vez más que la misma escuela.
De algún modo he caído en un tema, ¿no es cierto? Ya que como mortal que seguramente soy, me he doblegado al instante y a algo muy egoísta, pues lo considero muy mío. En fin.
A causa del servicio social he conocido sitios remotamente cercanos a mi ir y venir diario. Escenarios diarios que escondidos a mi anterior voluntad y mi ingenuo espíritu explorador, fueron inexistentes, que aun y cuando confiaba en el hecho de que cerca de mi no existen los vacíos más que en latas de alimentos procesados, no contaba con algo particular, ni en mi imaginario, ni en mi imaginación. Generando una profunda sorpresa por las cosas desconocidas, y un aún mayor asombro por las cosas aparentemente conocidas que no había comprendido u observado de cerca.
El objetivo de mi servicio social, se fundamenta en el programa Hábitat, el cual aunque proclama unos ideales que parecen precisamente eso, IDEALES, busca en resumen, urbanizar las zonas marginadas de las ciudades; entendiendo como urbanizar cubrir de asfalto y gris concreto los parajes que antes aclamé como escenarios, como resquicios de una distante época, o quizás no tanto, en que la naturaleza era parte de la vida diaria en medidas mayores que un sobrio jardín, o una arboleada avenida de esas que ya no se ven tan a menudo.
Me siento culpable de ser promotor de la destrucción del hábitat real y su transformación en un estéril espacio urbano… un erial haría menos daño yo creo, aunque se insista que una vida digna tendría que cultivar 50 hectáreas... Esto puede ser necedad mía, pero no estoy de acuerdo con Urbania, ni sus métodos.
“Qué es el progreso sino la rápida aproximación a la propia decadencia”, reza una idea de Nietzche. Quizás su apellido nos remonte al nihilismo y las ideas donde el vacío es el centro y justificación de toda acción, pero de algún modo, tiene razón.
Urbanizamos para alcanzar un mejor estándar de vida. Esa es la idea, ¿no? Entonces por qué razón luego, caemos en la cuenta que el asfalto, el concreto, y todos los materiales son nocivos para nosotros y para el ambiente, y nos deshacemos en un montón de súplicas apremiantes para que los usuarios quieran utilizar métodos más ecológicos de vivir. Francamente, no lo entiendo.
Ya antes hablé de los paraqués. Creo que es lo que más pasamos por alto en muchas veces. Hacemos algo y sabemos porque lo hacemos, pero no para qué.
¿Qué espera en realidad el urbanismo? ¿Puede realmente existir una doctrina que permita aglutinar cada espacio urbano existente en el planeta, en la búsqueda de la solución definitiva al funcionamiento, la calidad de vida y que asegure la pervivencia de la especie humana en su hábitat urbano, digo, humano…?
Fuera de lo ensoñada que me parece esta perspectiva, considero que lo que se busca puede estar en 3 rubros:
1) Prolongar los estilos actuales de vida hasta la máxima capacidad del ambiente para soportarlos, mientras que se reconoce a quien ha logrado esa efímera meta. Este punto es a mi parecer el más egoísta. Como el caso de toda la vida, donde decimos que el arquitecto busca dejar su huella más que nada en la historia de la arquitectura. Saltar a la eternidad dejando a los demás en el borde de un risco de riesgo ecológico, social y cultural.
2) Buscar la adaptación y reconocimiento de cada ciudad como ente individual, pero que participa de sistemas mayores que sí misma; reconociendo que la historia y la vida se definen por varias etapas y aceptando que al final de los ciclos naturales, la muerte no es sólo recomendable, sino ya necesaria. Esto crearía un ritmo para cada ciudad. Un destino diversificado, y no global. Quizás esta tentativa pudiese mantener las ciudades, el concepto; como algo vivo, durante un periodo más prolongado que las otras dos opciones.
3) Reconocer que si se busca un alto nivel de vida, los estándares ajenos no sirven, y que incluso los estándares resultan meras sugerencias al tratar con lo REAL, desde las distintas realidades que pudiesen abordarla. Entender de una vez y para siempre que el mal de la humanidad ha sido la acumulación: acumulación de poder, acumulación de riquezas, acumulación de recursos, concentración de personas… y en fin, todo lo que pueda ser reunido en grandes cantidades, no obedece a una situación natural y es causa de los mayores problemas que hemos enfrentado… y que al parecer, estamos queriendo enfrentar... Esta iniciativa podría derivar en la decisión que las ciudades no son adecuadas como espacios para habitar y sería la tentativa que más pronto se desharía de ellas.
Cada estrategia-decisión merece una atención y un proceder distintos.

La tentativa tres es abiertamente una doctrina anti urbanística, pues afirma que para lograr los fines que proclama, el urbanismo tendría que olvidarse de las ciudades: como las conocemos, y desde el concepto de ciudad mismo.
No se pretende expresar este monólogo como la revelación definitiva jamás expresada en los anales del urbanismo.
No es mucho, aunque parecería que propone gran cosa, es simplemente algo que quizá no se ha considerado por quienes saben de veras cómo está la situación.
No se pretende establecer una perspectiva, ni para el mundo, ni para México, ni para la ciudad de Campeche. Tan sólo es un breviario de las últimas ideas que ha tenido un chico sentado en una saliente tras un aula.
Como dije antes, no es mucho, pero al menos ahora… es lo que hay.